Resulta curioso que Gales y Nueva Zelanda, dos países que difícilmente podrían estar más alejados entre sí (unos 18.500 km en línea recta), se comparen con tanta frecuencia.
Esto podría deberse a la similitud que se percibe entre sus paisajes, ya que ambos países cuentan con espacios verdes vírgenes, colinas onduladas y espectaculares tramos de costa. Otra posible explicación es su larga tradición compartida de cría de ovejas, pues en ambos países hay más ovejas que habitantes.
Sin embargo, más allá de estas comparaciones superficiales, existen vínculos más profundos y sólidos entre nuestras dos naciones. Nueva Zelanda alberga varias asociaciones galesas con una larga trayectoria, mientras que Gales desempeñó un papel en la preparación de la ascensión más famosa de un legendario montañero neozelandés.
Estos son algunos de los lazos que unen a Gales y Nueva Zelanda.
Los dos Milford
Los galeses estuvieron entre los primeros europeos en viajar a Nueva Zelanda. Se cree que el primer galés en pisar estas islas fue David Samwell, quien ejerció como cirujano a bordo del barco del capitán James Cook (el primer europeo cuya llegada en barco a Nueva Zelanda quedó documentada) durante su tercer viaje a las islas en 1777. Además de médico, Samwell era un hombre de letras que desarrolló un gran interés por la lengua maorí. Sus transcripciones de varios cantos maoríes, realizadas durante las dos semanas que su barco permaneció atracado en Nueva Zelanda, constituyen el primer testimonio escrito de cierta extensión sobre esta lengua.
Medio siglo después, otro galés, John Grono, viajó desde Australia a Nueva Zelanda para cazar focas por sus pieles. Durante aquel viaje se detuvo en un fiordo que hasta entonces no había sido cartografiado por ningún europeo. Lo llamó Milford Sound, en honor a la vía navegable de Milford Haven, situada en Pembrokeshire, en el oeste de Gales. Hoy en día, Milford Sound, o Piopiotahi, como se conoce en maorí, es uno de los principales destinos turísticos de Nueva Zelanda.
Neozelandeses con vínculos con Gales
Dado que el porcentaje de galeses entre la población de Nueva Zelanda siempre ha sido relativamente bajo (actualmente, algo menos de 6.000 personas en Nueva Zelanda se identifican como galesas), puede resultar sorprendente descubrir que algunas de las mayores estrellas neozelandesas mantienen fuertes vínculos con Cymru (Gales).
Un claro ejemplo es el actor Russell Crowe. Conocido por su participación en grandes éxitos cinematográficos como Gladiator, Una mente maravillosa y Dos buenos tipos, el actor tiene una conexión directa con Gales a través de su abuelo, que nació en Wrexham, en el norte de Gales. Los aficionados al rugby también recordarán a Shane Howarth, quien tuvo la singularidad de jugar tanto para la selección nacional de Nueva Zelanda como para la de Gales. (Shane también fue protagonista de una polémica en la prensa sensacionalista a principios de la década de 2000, cuando se publicó que su supuesta ascendencia galesa, que él creía haber heredado de su abuelo, no era auténtica. Shane siempre ha negado estas informaciones y sigue reafirmando su convicción de ser galés, lo que ha contribuido a que el antiguo zaguero siga siendo una figura popular entre los aficionados al rugby galés).
Aunque la diáspora galesa en Nueva Zelanda no es tan numerosa como en otros países, incluida la vecina Australia, el país alberga varias asociaciones históricas dedicadas a la cultura galesa. Entre ellas se encuentran la Welsh Society of Wellington, fundada en 1907, y la Welsh Cambrian Society of Canterbury, establecida en 1890 y considerada la asociación galesa más antigua del país. Estas organizaciones celebran regularmente eventos, como cenas y veladas musicales, que acercan la cultura galesa tanto a los expatriados galeses como a los neozelandeses.
Otra organización con vínculos con Gales es el coro Vocālis, con sede en Auckland. El canto coral ha sido una actividad muy popular en Gales durante generaciones. Vocālis, conocido originalmente como Auckland Welsh Choir, fue fundado por expatriados galeses, principalmente como una forma de mostrar su apoyo a la selección galesa de rugby durante su visita a Nueva Zelanda en 1988. El coro sigue celebrando un concierto anual con motivo del Día de San David (la festividad del patrón de Gales), en homenaje a sus raíces galesas.
Una pasión desmedida por el balón ovalado
El rugby es prácticamente una pasión nacional en Gales, y ese mismo entusiasmo por este deporte también se vive en Nueva Zelanda. En ambos países, el rugby se ha convertido en una parte fundamental de la identidad cultural nacional y sirve como medio para mostrar sus respectivas culturas autóctonas (la galesa y la maorí) y expresar el orgullo nacional.
La popularidad de este deporte se ha visto impulsada por los éxitos internacionales de ambos países. Nueva Zelanda ha ganado la Copa del Mundo de Rugby en tres ocasiones, la más reciente en 2015, mientras que Gales se ha proclamado campeón de Europa seis veces desde la instauración del Torneo de las Seis Naciones en su formato actual.
Ambas selecciones se han enfrentado en numerosas ocasiones, incluida la Copa del Mundo de Rugby de 2019, en la que Nueva Zelanda derrotó a Gales para hacerse con el tercer puesto del torneo (mientras que Gales terminó en cuarta posición). Sin embargo, el enfrentamiento más famoso entre ambos equipos tuvo lugar, sin duda, en Cardiff en 1905. En respuesta al haka que Nueva Zelanda interpretó antes del partido (una danza ceremonial maorí que la selección neozelandesa realiza antes de cada encuentro internacional), los jugadores galeses entonaron con entusiasmo Hen Wlad Fy Nhadau, convertido desde entonces en el himno nacional de facto de Gales. Fue la primera vez que se cantó un himno nacional antes de un encuentro deportivo internacional, una tradición que hoy en día se ha extendido por todo el mundo.
Proteger las lenguas autóctonas
Gales y Nueva Zelanda también comparten un vínculo en el ámbito lingüístico. Aunque ambos países utilizan el inglés como lengua oficial, también cuentan con otra lengua nacional: el cymraeg (galés) y el maorí, respectivamente.
A pesar de que ambas lenguas existían antes de la llegada del inglés a sus respectivos territorios, las dos han atravesado periodos de intensa represión y persecución. Los niños eran castigados en las escuelas por hablar cualquier lengua distinta del inglés, y se prohibió el uso del galés y el maorí en determinados ámbitos públicos, como los procedimientos judiciales y gubernamentales.
Afortunadamente, ambas lenguas autóctonas han experimentado un resurgimiento en los últimos años, especialmente en Gales, donde actualmente alrededor de una cuarta parte de la población puede hablar cymraeg. Con el objetivo de reproducir los logros de Gales en este ámbito, representantes de organismos gubernamentales y académicos de Nueva Zelanda visitan regularmente el país para conocer las técnicas e iniciativas que se están utilizando para fomentar el bilingüismo.
Estos esfuerzos han dado lugar a la creación de una colaboración formal entre la Universidad de Cardiff y la Universidad de Waikato, centrada en promover el intercambio de conocimientos y competencias en esta materia. Esta colaboración también ha generado oportunidades de intercambio cultural, como el proyecto Māori-Cymraeg Song Hub 2024, que llevó a varios músicos galeses a Nueva Zelanda para colaborar con artistas maoríes.
La visita de un montañero legendario a Snowdonia
Una de las grandes figuras de Nueva Zelanda, Edmund Hillary, es conocido por haber sido la primera persona en alcanzar de forma documentada la cima del monte Everest, junto con su compañero de escalada nepalí-indio Tenzing Norgay, en 1953.
Curiosamente, en lugar de prepararse para esta histórica ascensión en alguna montaña cercana del Himalaya, Hillary y su equipo decidieron viajar a Gales, donde perfeccionaron sus habilidades en Yr Wyddfa (Snowdon), una montaña situada en el Parque Nacional de Eryri (Snowdonia). Los alpinistas pasaron aproximadamente dos semanas en la montaña más alta de Gales, probando su equipo y practicando técnicas de escalada, antes de emprender su expedición al Everest.
Durante este último campamento de entrenamiento en Gales, Hillary y el resto del equipo se alojaron en el Pen-y-Gwryd Hotel, situado a los pies de Yr Wyddfa. Desde entonces, el establecimiento se ha convertido en el hogar espiritual de la expedición. En los años posteriores a su exitosa ascensión al Everest, los alpinistas regresaron juntos al hotel en numerosas ocasiones para brindar por su hazaña. Como resultado, el bar del hotel está repleto de recuerdos de aquella legendaria ascensión, y las firmas manuscritas de los miembros del equipo, incluidos Hillary y Norgay, todavía pueden verse en el techo del bar.
Intercambio entre bares
Tanto los galeses como los neozelandeses tienen fama de ser personas sociables a las que les gusta disfrutar de una noche de diversión en la ciudad. Quizás sea precisamente en reconocimiento de esta afición compartida por pasarlo bien que cada país cuenta con un bar inspirado en el otro en su respectiva capital.
El bar Kiwis, de temática neozelandesa, situado en Cardiff, tiene una historia que se remonta a la década de 1980 y sigue siendo uno de los lugares favoritos del centro de la ciudad para ver partidos internacionales de rugby. Por su parte, el Welsh Dragon Bar, en Wellington, está decorado con banderas galesas y cuenta con botellas de whisky galés Penderyn en sus estanterías. Además, tiene la distinción de ser el único bar de temática galesa del hemisferio sur.
Así que, tanto si decís «Iechyd da!» (en galés) como «Kia ora» (en maorí), brindemos por una amistad duradera entre nuestras dos naciones.